El Docente en la Universidad de Buenos Aires, Mirta L. Fajre MAAC, Roberto Lamy MAAC, Servicio de Cirugía General, Hospital Ramos Mejía |
Nota del editor
El presente artículo por considerarlo de interés para el cirujano latinoamericano, se publica con autorización del comité editorial de la Revista Argentina de Cirugía, volumen 89#5-6:203-215
RESUMEN
Antecedentes: Existe escasa información y difusión sobre la evaluación de los docentes realizada
por alumnos de cirugía.
Objetivo: Objetivar la visión que el estudiante de la materia Cirugía tiene de sus educadores.
Lugar de aplicación: Unidad docente hospitalaria del Hospital J.M. Ramos Mejía de la ciudad de Buenos Aires, Servicio de Cirugía General.
Diseño: Estudio prospectivo. Descripción de hallazgos obtenidos por encuesta.
Población: Unidades Académicas de la Facultad de Medicina de la UBA.
Método: Encuesta anónima realizada a un universo de 116 estudiantes de Cirugía, sobre temas concernientes al desarrollo de la relación alumno-docente y a la calificación de las clases teórico-prácticas desarrolladas.
Resultados: El 100% de los alumnos contestó el cuestionario, el 78% se mostró conforme con las horas dedicadas a la enseñanza, prefiriendo el aspecto práctico de las clases. El porcentaje de aceptación de las clases fue del 85%. Analizaron positivamente el desempeño de los docentes, en lo que respecta a su capacidad de transmitir conocimientos, modelo de aprendizaje, nivel académico y humano. Consideraron que las clases fueron de calidad, relacionando este hecho, tanto con la claridad conceptual como con la claridad de expresión de los docentes.
Destacaron como más necesarias las horas de actividad práctica de las dedicadas a la actividad
teórica, señalando los beneficios de una mayor participación de los docentes más experimentados.
Manifestaron como contraproducente las llegadas tarde y las ausencias de los docentes a clase.
Conclusiones: A pesar de las dificultades, los alumnos visualizan que sus docentes son un modelo positivo para el aprendizaje de la materia.
SUMMARY
Background: Little is known about surgery students evaluation of their tutors.
Objective: to create in surgery students and objective view of their tutors.
Setting: Hospital Teaching Unit at J.M. Ramos Mejía Hospital, Buenos Aires, General Surgery Service. Design: Prospective study. Description of discoveries obtained by survey.
Population: School of Medicine Academic Units. University of Buenos Aires.
Method: Anonymous survey carried out in a universe of 116 surgery students about subjects concerning the development of the teacher-student relationship and the assessment of theoretical and practical classes attended.
Results: 100% of the students answered the questionnaires. 78% were satisfied with the time devoted to learning, but they preferred the practical training sessions. 85% of the students were satisfied with the practical classes.
Tutor's performance was favourably analysed with reference to the following items: ability for conveying knowledge, model of learning, academic and human level.
They considered the training sessions of very good quality, relating this fact both to conceptual clarity and clear use of language on the part of the tutors. Practical training was highlighted as more necessarythan theoretical discussions. They emphasised the benefits of greater contact with more experienced tutors.
Tutors late arrivals and absences were thought to have a negative effect.
Concluslons: In spite of difficulties, the students viewed their tutors as a positive model for learning the subject.
La enseñanza de la cirugía en el pregrado debe responder a cambios constantes dentro de un contexto pedagógico moderno, donde la metodología y los contenidos deben ser actualizados permanentemente.
El docente universitario es probablemente el recurso más valioso que posee la Universidad para la formación del estudiante. Es el agente de cambio, y de alguna manera y por ese mismo motivo, se convierte en tutor-líder de la comunidad educativa a su cargo. Esto extiende y marca su enorme compromiso con la sociedad.
Sin duda alguna, el eje central de la enseñanza es el alumno, para el cual se elaboran objetivos y metas que no siempre son compartidos por los que impartimos enseñanza [2].
Hay una imagen de docente ideal a la que todos aspiramos, pero es el docente cotidiano y real con el que los estudiantes se vinculan en la rutina del aprendizaje. La relación docente-alumno es un camino que se va construyendo, cambiando y adaptándose constantemente mientras dura la cursada.
La percepción de los alumnos es uno de los elementos con que contamos para la evaluación de los sistemas de enseñanza. Las encuestas anónimas constituyen una herramienta muy importante para objetivar dicha percepción, esencial para la adecuación de los planes docentes [14, 15]. Ha sido ampliamente demostrado el valor de las mismas para evaluar la enseñanza y modificarla periódicamente con bases más sólidas que la simple impresión general de los docentes y las opiniones aisladas de los alumnos.
La realización de encuestas otorga a los alumnos un rol protagónico en la evaluación de la cursada, permitiendo fundamentar las decisiones y los cambios tendientes a mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje.
El objetivo de este trabajo es mostrar algunos aspectos de la relación docente-alumno, específicamente el vinculado con la visión que los educandos tienen de sus educadores, aspecto esencial a nuestro juicio para corregir errores y rectificar o afirmar rumbos pedagógicos, y por lo tanto optimizar la enseñanza.
Con este propósito final, es que los responsables del dictado de Cirugía -una de las últimas materias del ciclo clínico- fueron evaluados por los estudiantes.
Durante el período 1998-2002 se distribuyó un cuestionario de 12 preguntas a un universo de 166 alumnos provenientes de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, al finalizar la cursada de la materia Cirugía en el Hospital General de Agudos "J.M. Ramos Mejía". Del total de estudiantes, 76 pertenecían a la Unidad Hospitalaria (UDH) del hospital, 67 a la de dos Hospitales Universitarios de la Ciudad de Buenos Aires y 23 eran de un Hospital Nacional del conurbano bonaerense.
Ninguna de las cursadas contó con más de 23 alumnos, número máximo admitido en cada una de ellas.
Se pusieron a consideración de los educandos las siguientes preguntas:
Los alumnos calificaron cada una de las clases con el siguiente sistema de puntaje: 1 (mala), 2 (regular), 3 (buena) y 4 (muy buena).
La encuesta fue voluntaria y anónima y se les entregó previamente a los alumnos un instructivo con el propósito de incentivarlos a responder con la mayor honestidad intelectual que les fuera posible y con absoluta libertad, teniendo en cuenta su racionalidad e interpretando que la crítica surge de la reflexión, y contribuye a mejorar la experiencia educativa. Les sugerimos también, no consultar sus respuestas entre ellos y meditarlas serenamente para recordar lo ocurrido desde el inicio del dictado de la materia.
Para evitar influencias en las respuestas se solicitó que se entregaran las mismas antes de conocer la nota definitiva de la materia.
Para el análisis estadístico se utilizó el Test de Diferencia de Proporciones y el método de Distribución Normal, el cual es considerado apropiado para muestras de este tamaño y que comúnmente arroja un mínimo de 95% de resultado confiable.
Se utilizó para algunas de las preguntas un test no paramétrico, -el Chi Cuadrado- válido para variables nominales.
Se compararon los resultados obtenidos en los alumnos de la Unidad Hospitalaria del Ramos Mejía con los provenientes de los otros centros asistenciales, ya mencionados.
Con respecto a las calificaciones de cada una de las clases, se interpretó a los puntajes 1-2 como de rechazo a la calidad de clase y 3-4 como de aceptación de la misma.
Contestaron la encuesta el 100% de los alumnos.
Las respuestas de los alumnos provenientes de la UDH del Hospital Ramos Mejía fueron coincidentes con las derivadas de otros hospitales, para cursar la materia. La comparación estadística de los resultados no mostró diferencias significativas en ninguno de los ítems consultados.
El porcentaje de aceptación de las clases fue del 89%.
Para los estudiantes, el total de horas dedicado a la enseñanza de Cirugía General fue suficiente y ésta se desarrolló con un enfoque predominantemente práctico, no enciclopedístico.
El aprovechamiento de las clases fue muy efectivo y según los alumnos hubo una relación positiva, con la participación de los mismos durante los trabajos prácticos, promovido por los docentes. Esta relación es estadísticamente significativa.
Los estudiantes contestaron que las clases fueron de calidad, relacionando este hecho tanto con la claridad conceptual como con la claridad de expresión de los docentes. Esta relación fue estadísticamente significativa. Los docentes tienen capacidad para coordinar el grupo de alumnos con eficacia.
Cuando se pregunta si los docentes establecen una relación personal con el alumno, los mismos responden que se produce moderadamente. Sin embargo, el interés y compromiso de los docentes con la enseñanza se produce en gran medida, siendo estadísticamente significativa su relación con la calidad de las clases.
Los profesores cumplen moderadamente con las actividades programadas durante la cursada.
Se señaló marcadamente el interés por contar con un mayor desempeño en los trabajos prácticos de los docentes de mayor experiencia, porque principalmente fortalece la relación docente-alumno.
Finalmente, los alumnos respondieron que los docentes son un modelo para el aprendizaje de la relación médico-paciente.
La responsabilidad en la preparación del futuro médico de acuerdo con las necesidades de la sociedad, es un desafío para la educación médica.
La transposición del conocimiento debe ser un conjunto de adaptaciones sucesivas por las cuales el conocimiento erudito se transforme en conocimiento a enseñar y éste en conocimiento enseñado. [6]
Un requisito que condiciona la eficiencia educativa, es el recurso humano con que contamos. Es importante señalar que la motivación sola no es suficiente para la formación del alumno de cirugía. Debe enseñar quien realmente esté capacitado para hacerlo, tenga oportunidades y conozca las estrategias de enseñanza más apropiadas.
La USA necesita un cambio curricular en las materias de enseñanza de pregrado. Una de las barreras para lograr ese objetivo, es la falta de aceptación de la necesidad de cambio por parte de algunos docentes. [16]
Para los responsables de conducir los programas de enseñanza, evaluar al docente es de suma importancia pero extremadamente difícil. La habilidad para la comunicación, el carisma, el conocimiento de la materia, la organización del material, la elección del contenido y la claridad de la presentación son algunos de los elementos que se requieren para la excelencia docente? [1]
El porqué de la resistencia a la evaluación que ofrecen algunos profesionales de la salud, estaría generado por miedos inherentes a la exposición ante sus semejantes de debilidades y falencias en el arte de enseñar. El miedo a la pérdida de autonomía metodológica, motiva en los docentes una sensación de defensa del territorio, que hace difícil en algunas ocasiones la posibilidad de cambio.
Si bien sabemos que es dificultoso encontrar una relación de causa-efecto frente a problemas en el proceso enseñanza-aprendizaje, éste debe ser monitorizado por observadores experimentados [10], más aún cuando la misma expresión enseñanza-aprendizaje está cuestionada en la actualidad. La tendencia moderna es a considerar que no se trata de un proceso, sino de dos: una cosa es enseñar y otra aprender.
Otra forma de evaluación, es el conocimiento de la satisfacción del estudiante a través de encuestas. La retroalimentación obtenida a través de las mismas permite identificar cuales son los temas en conflicto para así poder tomar conocimiento de qué modificar y evaluar el cómo hacerlo. Conocer la opinión del alumno y analizar las críticas a las fallas que detecta en el sistema educativo, sirve además como mecanismo de introducción para producir mejoras en él. Decíamos hace 17 años que "en la educación del adulto, el que aprende es el mejor juez" [6]. Los profesores universitarios en la Argentina hace años que son conscientes de la importancia que los alumnos evalúen a sus docentes [5,7,13], aunque desconocemos si esta es una práctica habitual en todas las Unidades Hospitalarias de la Universidad de Buenos Aires. En los países desarrollados es una metodología irrenunciable [8,9], porque saben que garantizar la calidad en el aula es de vital importancia. En buena medida, se convierte en una herramienta para asegurar la existencia misma de la institución, y a bajo costo.
La idea es que el estudiante es un demandante habilitado, que debe ser satisfecho optimizando todas las estrategias posibles.
Los docentes de cirugía sentimos la necesidad de ser evaluados y conocer qué siente y piensa un alumno de su educador. Ante este interrogante, nosotros no podemos sustraemos de esta metodología, porque en materia de educación, todos estamos aprendiendo.
Cuanto más puntual sea la información obtenida, mayores serán las posibilidades de que se encuentre una solución adecuada para los problemas planteados. Es por eso que en nuestra encuesta asociamos preguntas que abarcaban la totalidad de la problemática de la relación docente-alumno, con la calificación individual de cada una de las actividades de los docentes. Una primera visión de la encuesta nos muestra una opinión de los estudiantes altamente favorable a nuestro desempeño, con un 85% de satisfacción. Ahora bien, ¿podríamos a partir de los resultados, preconizar la máxima "Vox alumni, Vox Dei"? Hasta cierto punto; no porque consideremos que la opinión del educando no sea de gran importancia, sino porque no es el único elemento a considerar cuando se evalúa todo el contexto de la enseñanza-aprendizaje. El ejemplo más claro surge al analizar la primera respuesta referida a la cantidad de horas dedicadas a la enseñanza de cirugía; para ellos es suficiente y para nosotros no, es claramente insuficiente. Esta opinión está acompañada por la experiencia internacional en este tópico.
Para adecuamos a la normativa universitaria vigente y a la espera de un cambio curricular más racional, toda la UDH de nuestro hospital ha coordinado esfuerzos para evitar la repetición de los contenidos, tratando de tener una visión sistémica de la cirugía. Esto se logró a expensas de la integración médico-quirúrgica, es decir de los dos Departamentos, el de Medicina y el de Cirugía, y la participación del alumno en las distintas áreas de la actividad hospitalaria: internación, consultorios externos, quirófano y departamento de urgencias [1].
No obstante lo importante de la enseñanza práctica, no dejamos de lado la enseñanza teórica, la cual caracterizó una época. La enseñanza teórica hoy ha evolucionado en el mundo, integrando otras áreas de conocimiento como las clínicas, diagnóstico por imágenes, anatomía patológica, etc., que nos evita la superposición de temas, y por otro lado nos permite trabajar en forma multidisciplinaria.
Una de las causas de la buena evaluación que hemos recibido de nuestros alumnos, creemos que se debe a que no hemos aceptado un cupo mayor de 15 a 23 alumnos por cursada. Esto nos ha permitido el desarrollo de los temas en forma integral y con alto contenido práctico, modalidad preferida por los educandos. Somos conscientes que nuestra obligación es enseñar cirugía con un nivel de calidad y eficiencia aceptables, y con un número mayor de alumnos sería imposible lograrlo.
La UDH del Hospital Ramos Mejía acepta anualmente un reducido número de alumnos para comenzar el ciclo clínico, que finaliza con el internado rotatorio. La selección es muy rigurosa y el promedio general de notas de la carrera es un elemento clave para la admisión. Es una de las Unidades Académicas más solicitadas por los estudiantes de la UBA. Reconocemos que es más gratificante para nosotros el trabajo con nuestros alumnos y notamos diferencias objetivas con estudiantes que no son de nuestra UDH. Es por eso que redoblamos el esfuerzo con los provenientes de otros hospitales y vemos con satisfacción, en los resultados de los alumnos externos, que no hay diferencias significativas al comparar los distintos grupos, al finalizar la cursada.
Sabemos que el modelo docente es necesario para que el proceso educativo adquiera racionalidad; el tutor que surge entre los docentes es quien ayuda al alumno a realizar de la manera más eficiente el aprendizaje. Pero este modelo se desarrolla en un contexto determinado que no se puede soslayar en el análisis. Tanto los alumnos como los educadores viven y sufren las dificultades de nuestro país, especialmente las relacionadas directamente con la Universidad de Buenos Aires y con los Hospitales Públicos. A pesar de ello, nadie ha bajado los brazos. Los docentes, la mayoría con ninguna remuneración y algunos con sueldos de contenido simbólico, tienen vocación y motivación y no esperan gratificación ni reconocimiento por su desempeño. Saben además, que son poderosos agentes de cambio y que el enseñar a aprender, es la base de todo aprendizaje.
Consideramos que otro de los factores que inciden en una buena visión de los alumnos a nuestra tarea es que sabemos que no hay mejor aprendizaje que la enseñanza; Brailovsky [3] desarrolla exhaustivamente este tópico.
La culminación del proceso interactivo entre educador y educando es en el último año, el Internado Rotatorio, situación que le permite al alumno acceder de manera participativa al régimen de residencias. Es en este ciclo donde los estudiantes tienen la oportunidad de profundizar su experiencia vinculada con la cirugía.
Los alumnos aceptan de muy buen grado ser supervisados por la mayoría de los docentes, e incluso por los residentes, alguno de los cuales suelen ser muy buenos instructores. La incorporación de los residentes de cirugía en los programas de enseñanza ha sido objeto de estudio en numerosos centros [15]. En un estudio canadiense de 1999, los alumnos de cirugía respondieron que los residentes eran más eficientes en el proceso de educación que los médicos de planta [12]. Esto tendría varias explicaciones: los estudiantes interaccionan más tiempo con ellos, se sienten identificados con quienes consideran como pares; además, los residentes enfocan su táctica de enseñanza desde los aspectos prácticos del manejo de los pacientes y sus complicaciones. En cambio, los médicos de planta enfatizan más en los aspectos teóricos y básicos de la cirugía general, lo cual sería menos atractivo para el alumno en formación. A pesar de lo expuesto, por las respuestas, surge claramente la demanda de los alumnos para que en los trabajos prácticos participen los docentes de mayor experiencia. También de los resultados surge la solicitud de mayor puntualidad y asistencia, aspectos formales que nuestra particular idiosincrasia suele considerar secundarios.
Si bien todo médico es docente por el solo hecho de lo que hace y lo que dice, no es fácil conducir al estudiante de nuestros días, como tampoco nos resulta sencillo a nosotros aceptar que ellos respondan, con la visión de nuestra realidad. En alguna medida son el espejo que nos devuelve nuestra conducta. En este sentido no fueron agradables algunas críticas puntuales a algunos de nuestros docentes, pero las asimilamos con la mayor rigurosidad posible. Modificamos ciertas estrategias de las clases que consideramos inadecuadas, y junto con el docente evaluado discutimos la forma de corregir los errores y optimizar su rendimiento y resultados.
Recordamos siempre que todo pensamiento crítico serio implica la elaboración de una propuesta alternativa de reemplazo, aun cuando ésta no se concrete en la palabra escrita. Esa es la verdadera importancia de conocer la visión que los alumnos tienen de sus docentes.
En conclusión,
1. Bernardello E: Discusión, comunicación Academia Argentina de Cirugía. Sesión 18 de junio 1997. En: Enseñanza de la cirugía torácica en el pregrado. Rev Argent Cirug 1998; 75: 131-139.
2. Berra J: Enseñanza de la cirugía en el pregrado. Rev Argent Cirug 1972. Número extraordinario: 101-147.
3. Brailovsky C: Educación médica, evaluación de las competencias. Aportes para un cambio curricular en la Argentina 2001. Buenos Aires, Facultad de Medicina. Secretaría de Asuntos Académicos 103-122.
4. Camillioni AW: Modalidades y proyectos de cambio curricular. Aportes para un cambio curricular en la Argentina 2001. Buenos Aires, Facultad de Medicina. Secretaría de Asuntos Académicos 23-52.
5. Cherjovsky M, Bumaschny E, Gunning JC y col:
Evaluación de la enseñanza de cirugía en el pregrado. Rev Argent Cirug 1984; 47 (6): 288-290.
6. Gutiérrez L: Educación médica continuada y recertificación. Rev Argent Cirug 1986; Número extraordinario 93-163.
7. Gutiérrez V, Pittaluga R, Jiménez J, Ferrante A: Análisis de algunos aspectos de la enseñanza de cirugía general en base a encuestas a los alumnos de pregrado. Prensa Méd Argent 1994; 81: 197-201.
8. Hicks L, Un Y, Roberson O, et al.: Universtanding the clinical dilemmas that shape medical students ethical developments: Questionnaire survey [LԦ֮r ^ًC5"<=2̸r[^1H;`UU2V%99d-+Y2iVG5`:rzvYM[TMQAĔL*cܲuPbVVn'Rvu@Wy:_'[Oh| 8bܖtQ70^G8YcT=ƣj4h(MUKP
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