Por considerarlo de importancia vital, reproducimos el editorial de
la Revista Chilena de Cirugía de diciembre de 1999, escrito por
el Dr. Ricardo Sonneborn. Los Editores
No se piense que se trata una oración de réquiem. Muy por el contrario. La invitación es a echarse atrás, cerrar los ojos y dejarse llevar por el recuerdo, retrocediendo las manecillas del reloj a los tiempos cuando nuestros mayores, con entrañable cariño, nos adormecían leyéndonos cuentos de hadas y príncipes encantados, con bellos castillos, mil recovecos y misterios, y siempre un final feliz. Sí. Nuestros primeros afanes como cirujanos sugieren también nostalgia y ensueño. Cómo no recordar esos intensos años de formación e inicios en el campo de la cirugía. Los imborrables momentos, en que la mano de nuestro maestro, ¡todos tuvimos uno!, y con sus enseñanzas, sabios consejos y generosa ayuda balbuceamos las primeras sílabas de este nuevo lenguaje, mientras su mano firme apoyaba la nuestra, que titubeante trazaba los primeros arabescos con el bisturí. A la distancia ello adquiere un sentimiento de intensa emoción y un halo de magia. Estos fueron, a no dudarlo, los cimientos de nuestros actuales logros. Crecimos. Adquirimos madurez y experiencia. Desde entonces muchos enfermos se han beneficiado de nuestros desvelos, dedicación y profundo conocimiento de este "arte-ciencia". Como herederos legítimos de esta noble causa, a diario vestimos la toga tutorial y para, a nuestro turno, afirmar la mano a incontables generaciones de noveles discípulos. Transmitimos conocimientos y experiencia. Hoy, cuando los evolucionados conceptos de manejo introducen en el que hacer quirúrgico fundamentos tan válidos como "costo-beneficio" y "la medicina basada en evidencia" no puede menos que recorrernos un estremecimiento, especialmente cuando evocamos vivencias tan propias e individuales como nuestra primera apendicectomía o que el Profesor nos permitiera efectuar esa gastrectomía, hitos que en aquellos tiempos marcaban, sin duda, los "valores clínicos auténticos". Pero es indispensable abrir los ojos. Los tiempos no están para soñar. Mientras transitamos por las postrimerías de este siglo, surge la necesidad de identificar y situarse en la problemática actual, buscar soluciones y atisbar el futuro. Tener claro que nos adentramos en una vorágine inescapable que nos envuelve irremisiblemente, proyectándonos hacia fronteras insospechadas. El conocimiento humano se multiplica a una velocidad vertiginosa. La computación y la Internet nos ofrecen hasta aquí todavía la posibilidad de seguirle sus pasos y ritmo. La Cirugía incorpora tecnología cada vez más sofisticada, que en los próximos años la llevarán a crecer y desarrollarse en forma portentosa e impensada. Richard Satava, cirujano, astronauta y pionero en el campo de la investigación y de la futurología quirúrgica, la ha bautizado la "cibercirugía". La laparoscopia, cirugía endoscópica y procedimientos mínimamente invasivos constituyen sólo el comienzo. La telemedicina y la realidad virtual ya insinúan sus potencialidades. Por ahora el costo sideral de los nuevos equipamientos hace distante su disponibilidad entre nosotros. Organización médica, médico y paciente han sido, a lo largo del tiempo, los tres pilares fundamentales en que se ha basado la actividad profesional. Formados en un esquema tradicional, turba nuestra mente y altera nuestro espíritu comprobar las variantes en características y comportamiento que han experimentado los diversos actores de esta trilogía. Lo más impactante es observar cómo la organización médica, tradicionalmente tutelada por el estado y cubriendo los requerimientos asistenciales mayoritarios de la población, ha evidenciado la vigorosa irrupción de la iniciativa privada que busca legislarlo todo, así como fijar el marco de condiciones y remuneraciones del trabajo médico. Su determinación se basa en el objetivo de mejorar la calidad de la atención así como en la necesidad de racionalizar los elevados costos. La magnitud de la inversión ya efectuada parece hacer irreversible este cambio. Los pacientes han reemplazado el tradicional privilegio de la libre elección por su adscripción al nuevo esquema, económicamente más conveniente, pero con franco detrimento de la ten importante y beneficiosa relación médico-paciente. Finalmente los médicos, antes actores principales, hoy perplejos y muy debilitados en su capacidad de reacción y decisión observamos cómo el devenir de los acontecimientos nos conduce a la aparentemente inexorable decisión de "tómalo o déjalo". Con este número se pone término a las ediciones de la REVISTA CHILENA DE CIRUGÍA numeradas con el epígrafe 1900. En base a algunas polémicas suscitadas no queda claro si esta fecha técnicamente en verdad corresponde al fin del siglo y del milenio. Aceptemos, sin embargo, que constituye una ocasión mágica inigualada, en la cual desde antiguo muchos poetas y pensadores habían posado sus sueños, proyectando sus afanes y proclamando sus predicciones. Algunas agoreras hasta insistan en anunciar "el fin del mundo". Como ello no ha sucedido, la transición hacia el nuevo milenio aparece como una realidad palpable. La misión del cirujano no se detiene. Debemos asumir con inquebrantable fe y esperanza que en los caminos de la medicina que emprendamos en esta nueva etapa sabremos igualmente derrotar todos los desafíos y continuar viendo coronada nuestra tarea con innumerables logros y realizaciones. El surco sembrado con mística, devoción y esfuerzo, siempre rendirá generosos frutos. Dr. Ricardo Sonneborn G. |
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