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A través del tiempo, la ciencia se ha preguntado de dónde proviene el orden del mundo que habitamos, un mundo que no es de componentes físicos que interaccionan al azar ni una mezcla desordenada de entidades, sino un medio donde la energía y la materia están dispuestas según una compleja y progresiva organización jerárquica, un mundo en movimiento y en evolución adaptativa donde la materia aparece estructurada a diferentes y variados niveles. Se ha avanzado en el estudio científico del orden como concepto abstracto, lo cual ha permitido una visión racional de cómo ha surgido el orden a partir del caos, así como sobre los principios que controlan el crecimiento y la desintegración del orden según el concepto de entropía, consistente con la segunda ley de la termodinámica. Ello dio origen a una nueva ciencia: la física de los procesos de no equilibrio, de los sistemas no lineales y de los procesos disipativos caracterizados por un tiempo unidireccional, o sea no reversible. Los sistemas lineales obedecen a la física gravitacional y cuántica, y son enteramente predecibles, Los no lineales, como el clima o el funcionamiento orgánico del ser vivo, son impredecibles. Caos es el término convencional ya aceptado para designar comportamiento no periódico, el de los sistemas que hoy se llaman caóticos, en los cuales es característico que a los estados iniciales les siga un comportamiento no periódico (aperiódico) y que sólo unos pocos tienden a la periodicidad. Los sistemas caóticos pueden poseer estados de equilibrio dinámico, que son necesariamente inestables. El equilibrio es inestable si una ligera perturbación inicial produce un gran efecto subsiguiente. Se ha planteado el "efecto mariposa".
El organismo humano, de alto nivel de complejidad en su organización estructural y funcional, es un claro ejemplo de un equilibrio dinámico, homeostásico y de autoorganización, intrincado y tremendamente interdependiente, en el cual pequeñas alteraciones pueden causar desastres fisiológicos o la muerte. Es un equilibrio inestable, de evolución adaptativa, correspondiente a un sistema caótico de alta complejidad. Las enfermedades, el trauma y, especialmente, el cáncer, producen impactos sobre la organización orgánica, y las correspondientes alteraciones exhiben repercusiones amplificadas.
Waldrop define la complejidad como la ciencia emergente que trata la frontera entre caos y el orden. La teoría del caos plantea que reglas dinámicas muy simples pueden dar lugar a comportamientos extraordinariamente intrincados. Caos trata de la universalidad de la complejidad, pero caos de por sí no explica la estructura, la coherencia, la cohesión autoorganizacional de los sistemas complejos. Los sistemas complejos de alguna manera adquieren la capacidad de colocar el caos y el orden en una especie de equilibrio, que es el punto, en este caso de los seres vivos, donde la vida adquiere la estabilidad necesaria para su funcionamiento y conservación. Esta frontera del caos representa la batalla constante entre estancamiento y anarquía, el punto en el cual un sistema complejo puede ser espontáneo, adaptable, vivo. En la medicina corresponde al estado de salud que determina la homeostasis. Se denominan sistemas complejos adaptativos a los sistemas que captan información en forma de flujo de datos y que perciben regularidades en el mismo, tratando el resto del material como aleatorio. El organismo humano es un sistema complejo adaptativo, y su estructura y funcionamiento corresponden a un sistema caótico, según las anteriores definiciones. Los seres vivos combinan la estabilidad de la estructura con la fluidez del cambio, lo cual permite su desarrollo, reproducción y evolución. Son «estructuras abiertas», estructuras disipativas, que dependen de flujos continuos de energía y recursos. F. Capra resume así la teoría de las estructuras disipativas planteada por Ilya Prigogine (1993):
En su obra ¿Tan Sólo una Ilusión? (1993, págs. 159, 160), Prigogine define las estructuras disipativas:
El cáncer desde la teoría del caosEl cáncer es una entidad "parasitaria", de crecimiento no controlado, resultante de alteraciones génicas. Hoy se acepta que no importa cuál sea el agente inductor, el cáncer en última instancia es el resultado de cambios en el ácido nucleico cromosómico de la célula afectada, cambios que dan lugar a la organización y crecimiento autónomo de un nuevo sistema biológico en el organismo del huésped. La investigación y el manejo del cáncer han sido tradicionalmente enfocados desde la óptica de las ciencias naturales, puesto que los problemas del cáncer tienen que ver con diferenciación celular y con regulación del crecimiento, a la luz de la genética. Propongo mirar el cáncer más allá de la ciencia natural, a la luz de la teoría del caos y de la ciencia de la complejidad, como un fenómeno aleatorio en un organismo complejo adaptativo de no-equilibrio. Así concebido, el cáncer de por sí es una estructura disipativa, muy alejada del equilibrio, un nuevo estado de la materia que depende de flujos continuos de energía y recursos provenientes del huésped, o sea del organismo humano sobre el cual se conformó, pero que exhibe una tendencia hacia el crecimiento continuo e ilimitado. Una manera de controlarlo sería induciendo su equilibrio químico y térmico, o sea deteniendo sus procesos de autoorganización y perpetuación, puesto que las estructuras disipativas en equilibrio son organismos muertos. Un cáncer resulta de la activación de un oncogen, fenómeno que obedece a diversos eventos intracelulares: mutación, translocación cromosómica, amplificación, inserción y deleción (supresión). La vida pretende crecer y multiplicarse, pero cuando las células cooperan en la construcción de un organismo superior, su crecimiento debe ser regulado. Un organismo superior sólo es posible bajo una política de crecimiento represiva. Y también muy rigurosa, porque las células de los mamíferos se duplican cada 24 horas. Aun la más pequeña de las libertades puede resultar fatal. La célula cancerosa no obedece a los impulsos regulatorios del organismo. Cualquier cambio, en cualquier lugar, puede influir en forma devastadora sobre la totalidad del sistema, que es el organismo sobre el cual se desarrolla el neoplasma. Los efectos carcinogénicos son irreversibles: las células no pueden recuperarse de la acción de un agente carcinogénico químico. La carcinogenesis es un proceso acelerado, en el cual las dosis del agente cancerígeno se acumulan en forma amplificada. Su comportamiento, como entidad definida, es caótico e impredecible por los métodos de análisis convencionales, y sólo puede ser expresado en términos no de certidumbres sino de probabilidades. Establecido el nuevo patrón de estructura disipativa gracias a su estado muy alejado del equilibrio, el continuado crecimiento del cáncer y su organización dependen del flujo de energía y recursos provenientes del huésped, el cual es un sistema adaptativo. Cuando la capacidad de adaptación del huésped es sobrepasada por el neoplasma, éste adquiere la categoría metabólica y estructural de "organismo primario" y el huésped va a la muerte. Bajo la perspectiva de la dinámica de los organismos complejos adaptativos y de las estructuras disipativas, el organismo humano va inexorablemente hacia el deterioro, la muerte y la disipación, o sea que el proceso normal de la vida es uno de entropía creciente. Por el contrario, el cáncer aparece como un sistema de organización y crecimiento "desbocado", ilimitado y, por consiguiente, es un sistema autónomo de entropía decreciente. La combinación del organismo huésped y su tumor es de naturaleza opuesta e implica un manejo diferente: disminuir la entropía en el paciente y aumentarla en el tumor. Teóricamente, el crecimiento del cáncer y su impacto sobre el huésped pueden ser controlados - a la luz de las teorías de caos, complejidad, organismos adaptativos y estructuras disipativas- interrumpiendo la formación del nuevo orden estructural y funcional o controlando sus procesos metabólicos para llevarlos al equilibrio, o sea a la suspensión, o bien estimulando la adaptación del huésped a la estructura parasitaria de cuya propia materia de originó. Es un planteamiento de física teórica, para contrastarlo con los planteamientos tradicionales de ciencia natural. ConclusiónComplejidad y caos se refieren a relaciones, a patrones, a conectividad, a contexto. Tratan de descubrir patrones ordenados en los sistemas caóticos no lineales y aunque no logran predicciones así las partes del sistema obedezcan a ecuaciones deterministas, sí pueden predecir aquello que se ajusta a las características cualitativas del comportamiento del sistema, aunque no a valores precisos en un momento determinado. De aquí la importancia de considerar el cáncer desde la perspectiva del concepto de caos y de la teoría de la complejidad. ¿Se podría pensar que las dos teorías, la de la complejidad y la del caos, como la creen algunos, ya han fallado y apenas exhiben amplia retórica pero sólo modestos descubrimientos? Para la medicina, que hoy contempla a la naturaleza, al hombre y a la sociedad en forma integral, bajo la óptica de la biología evolutiva, la cibernética y la sociobiología, la de los sistemas complejos adaptativos y de las estructuras disipativas, o sea bajo una gran amplificación del concepto infomédico de Foss y Rothenberg, su estudio y análisis, comprensivamente cobijados por las teorías de caos y complejidad, se convierte en algo obligatorio (Patiño 2002). Especialmente en el campo de la oncología, que hoy es enfocado desde la amplia perspectiva de la genética, que es una perspectiva de ciencia natural. Proponemos verla, además, desde la perspectiva de la física teórica, la de los sistemas complejos adaptativos y de las estructuras disipativas, la cual provee entendimiento adicional y abre posibilidades diferentes de manejo. Y de todas maneras, porque las dos teorías, la del caos y la de la complejidad, representan una nueva forma de diálogo con la naturaleza y permiten el avance en el estudio del orden como concepto abstracto, y porque además fundamentalmente son investigadas y analizadas en el computador, se mantienen vivas y plenamente vigentes como campo fructífero de disquisición intelectual, de pensamiento sistémico y de investigación científica. Dr. José Félix Patiño,
MD., FACS (Hon.) |
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