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Discurso Inaugural del XXVII Congreso Venezolano de Cirugía
Dr. Julián Viso Rodríguez

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Discurso pronunciado en la sesión inaugural del XXVII Congreso Venezolano de Cirugía el 17 de marzo de 2004 por el Dr. Julián Viso Rodríguez, Presidente Honorario de dicho congreso.
El Editor

Un médico, un rey y un curandero, tres personajes tan disímiles, abrieron la era de la medicina científica en Venezuela. El médico, Lorenzo Campins y Ballester; el Rey, Carlos III y el curandero, uno cualquiera, símbolo de la fuerza que llegó a adquirir, hasta el punto de crear un verdadero problema que obligó al citado médico a dirigirse en busca de solución al mencionado rey, quien accedió y creó las armas de lucha. Don Carlos III, por la gracia de Dios, el 14 de mayo de 1777 expidió la Real Cédula mediante la cual creó el Protomedicato de la Provincia de Venezuela y ciudad de Santiago León de Caracas.

El Protomedicato tuvo las siguientes atribuciones: Rectora, porque intervenía en la docencia universitaria. Fiscalizadora, implicando en ello la obligación de velar por el ejercicio correcto de la medicina, cirugía y farmacia. Jurídica, era misión sentenciar también en todos los asuntos contenciosos relacionados con el ejercicio profesional.

La Medicina es una profesión de gran importancia social y la ejecución de actos médicos es asunto de interés público y es lógico que el ejercicio de la medicina legal esté sometido a normas y requisitos que deben llenar las personas que se dediquen a ello.

La historia médica nacional relata que aún en situaciones políticas difíciles el médico venezolano con gran responsabilidad asumió su ejercicio profesional a costa de perder la vida. Desde las tentativas precursoras de Gual y España, en 1797, figuraron personajes médicos, próceres civiles, Bautista Picornell, Pedro Caribens y Francisco Isnardi; quienes sufrieron prisión por su comportamiento cívico. En la primera República, del 19 de abril de 1810 al 25 de julio de 1812, se destacan la conducta de los médicos José Ángel de Álamo, Vicente Carrillo, de los cirujanos José María Gallegos, Raimundo Gallegos, de Francisco Isnardi en la extraordinaria fecha del 5 de julio d 1811, Vicente Salias, autor de la letra del Himno Nacional, Gloria al Bravo Pueblo tiene relevante actuación así como Francisco Isnardi fue el Secretario de este Congreso y el redactor del Acta de la Independencia. Isnardi fue enviado preso a Cádiz donde murió en 1817 en la prisión de Ceuta. Vicente Salias, caraqueño, fue fusilado en la presión de Puerto Cabello el 17 de diciembre de 1814 cuando tenía 32 años. José María Vargas y José Luis Cabrera son médicos asistentes al Congreso Constituyente de 1830. En lo científico, académico y docente, la figura de Vargas es la de mayor prestancia en la historia médica venezolana del siglo XIX. Sólo circunstancialmente y al parecer a pesar suyo, el Dr. Vargas se prestó a la política, fue el primer Presidente civil de la República de Venezuela, por el cual tuvo que pagar el alto precio del irrespeto del Coronel Pedro Carujo.

Tanto el movimiento del 19 de abril de 1810 como el del 5 de julio de 1811, fue realizada únicamente por civiles y los médicos toman parte importante en ella, por tal comportamiento los calificó de próceres civiles. Los médicos héroes tienen el derecho a compartir con los militares héroes las glorias de nuestra independencia. Esta manifestación cívico-social evidencia que los médicos venezolanos para solucionar nuestros problemas nacionales nunca hemos recurrido a naciones extranjeras ni a profesionales foráneos para efectuar el trabajo que es responsabilidad nuestra.

En época moderna, nuestra historia médica señala brillantes ejemplos dignos de mención de profesionales de la salud identificados con nuestras dificultades sanitarias, el Dr. José Ignacio Baldó al regresar a Venezuela en 1926 organiza la lucha contra la tuberculosis en el país. Arnaldo Gabaldón, el 2 de diciembre de 1945, utiliza el DDT por primera vez en Venezuela, en el pueblo de Morón como parte de la campaña antimalárica, planeada y dirigida por el Dr. Gabaldón y libera del paludismo a la población venezolana. El Dr. José Francisco Torrealba realiza estudios sobre le mal de Chagas, en Zaraza en 1932. El Profesor Félix Pifano, brillante tropicalista, de talla internacional, fue un extraordinario estudioso de las enfermedades tropicales que eran endémicas en Venezuela. Pastor Oropeza fundó la Pediatría moderna y el 6 de agosto de 1936 se decreta el Consejo Venezolano del Niño, donde desempeñan un papel importante los Dres. Oropeza, Gustavo Machado Hernández, Rafael Vegas y Espíritu Santos Mendoza. El maestro Jacinto Convit funda el Instituto de Dermatología que inicia actividades en 1971.

Así mismo la población y la sociedad médica venezolana expresa su reconocimiento por la presencia de cirujanos británicos en la guerra emancipadora como John Robertson, Director general de los hospitales de las provincias libres de la Nueva Granada en 1818 por disposición de El Libertador. En la Batalla de Carabobo actúan Guillermo Smith, de la Legión Británica, Juan Stanton, Dionisio Bremont, médico del batallón de Granaderos, Richard Murphy de la Legión Británica quien después fue médico personal del General Páez. En época contemporánea, el Dr. Rudolf Jaffé, hebreo, alemán, llega a Caracas en 1936 y acepta trabajar como patólogo en la Policlínica Caracas, participa en la creación y organización de los servicios patológicos en Venezuela. Augusto Pisuñer, eminente maestro emigrado de España durante la guerra civil de ese país, fundó el Instituto de Medicina Experimental de la Universidad Central de Venezuela, en junio de 1940. Manuel Corachán García, era Ministro Consejero de Higiene de la Generalidad Catalana en tiempos de la República española, llega a Venezuela en 1937 con la misión de dirigir el Instituto de Cirugía Experimental; enseñó en Caracas a los cirujanos técnicas quirúrgicas novedosas. Corachán reforma y renueva la enseñanza de la cirugía, al punto de considerársele hoy como el propulsor de una nueva escuela quirúrgica en Venezuela. El Dr. Corachán es el fundador de la Cirugía Experimental en nuestro país; la Sociedad Venezolana de Cirugía le honra su memoria cuando estableció el premio que lleva su nombre, galardón que se otorga a las exposiciones que se presentan en los Congresos de la especialidad. Para todos ellos guardamos un emocionado recuerdo. Discípulos aventajados de Corachán fueron los maestros de la cirugía nacional: Dres. Coronil, Carbonell, Baquero González, Montbrun, quienes crearon las bases de la cirugía moderna que hoy disfrutamos.

La Medicina en Venezuela, hoy, tanto la pública como la privada presenta conflictos. El Estado venezolano está en la obligación de asegurar que se proporcione la asistencia adecuada, con acceso igualitario y de justicia social a los venezolanos, pero sanidad para un pueblo incluye alojamiento decente, pureza y abastecimiento de aguas, transporte, educación; estos constituyen los derechos humanos, sociales y de la familia, tal como lo establece la Constitución de Venezuela de 1991 en su Capítulo V. Los pretextos en el sentido de que no hay materiales de sutura, medicamentos, servicio de Rayos X o que está saturado la programación quirúrgica, indica una deficiencia en la previsión, coordinación y otras obligaciones por parte del prestador de servicios de salud que el paciente no tiene por qué pagar con daño a su salud.

Iván Illie utiliza el término de Iatrogenia Social para expresar que debido a los altos costos de la asistencia médica actual, se provoca una falta de equidad en la posibilidad de accesos a los servicios sanitarios médicos; por este motivo los hospitales públicos tienen una gran limitación de presupuesto y equipos; en cambio, los centros de salud privados están muy bien dotados pero inaccesibles por sus altísimos costos. Toda persona tiene derecho al servicio médico cualquiera sea la modalidad pública o privada y reclamar el derecho a la atención profesional oportuna, es una meta que tiene un precio y hay que trabajar para lograrla, estas verdades, miserables verdades, hay que aprenderlas. Se pretende ignorar la labor del médico hospitalario, el héroe anónimo, quien durante 24 horas de labor asistencial, con ingenio y dedicación trabaja con deficiencias de insumos y equipos, a él siempre se le achacan las deficiencias del sistema de salud del Estado y este profesional médico es el principal ejecutor de la atención que cualquier centro de emergencia.

Actualmente los seguros y las cooperativas de salud responden económicamente por los pacientes en la denominada medicina prepagada. Estas corporaciones, con fines de lucro, no aseguran totalmente la atención oportuna y eficaz durante las emergencias que pueden padecer sus asegurados. Podemos afirmar que las compañías aseguradoras tienen dominio sobre los honorarios médicos mediante baremos preestablecidos. Existen cooperativas de salud que discriminan en las instituciones privadas a médicos, violando de esta manera el artículo 19 del Capítulo I de la Constitución vigente, de conformidad con este articulado no puede haber discriminación y las normativas éticas establecen que donde no hay equidad no hay justicia, así mismo se viola un derecho fundamental del enfermo, el de elegir a su médico tratante. En teoría el paciente se halla en entera libertad de escoger a su médico, de cambiar a su médico si experimenta insatisfacción y pedir otra opinión si lo considera necesario. Recordamos la Declaración de Lisboa, 1981, de la Asociación Médica Mundial: el paciente tiene derecho a elegir libremente a su médico. La Conferencia Episcopal Venezolana en 1998 en sus reflexiones sobre Justicia Social y Solidaridad declaró: "Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social, o cultural, por motivos de sexo, raza, color o condición social, lengua o religión debe ser vencida y eliminada". El Código de Derecho Romano, hecho por Triboniano en el llamado "Código del Emperador Justitiano, 527-564 a.C. (Corpus Juris Civiles) sustenta la igualdad de los hombres ante la ley. Lo triste de toda esta problemática en la relación médico/paciente es que las instituciones gremiales como los Colegios Médicos, Federación Médica y Sociedades Médicas no se han pronunciado.

Estamos en presencia de la desvalorización ética cuando observamos la publicidad médica a través de la televisión, radio y prensa escrita; totalmente mercantil y engañosa, contraviniendo todas las normas de la Deontología médica; esta divulgación de falsas informaciones mal conducida aumenta los riesgos de crear ansiedades en el enfermo. El Código de Ética Internacional, adoptado por la III Asamblea General de la Asociación Médica Mundial, en Londres de 1949 refiere: "La publicidad hecha por un médico, a menos que esté permitida por las leyes del país y el Código de ética de la asociación médica nacional se considera no ética". Parece que el ejercicio profesional ha transformado a la salud en una mercancía, en un bien de consumo, en factor de producción o en un instrumento político de control social y a la persona se le ha reducido a ser un elemento de fuerza de trabajo. Se ha sustituido la ética por la moral del triunfador, entendiendo por tal a quien puede adquirir y comprar todo lo que le apetece, es la cultura del "pelotazo", nos referimos a esa habilidad de conseguirlo todo en el mínimo tiempo y con el mínimo esfuerzo posible. La prosperidad, la opulencia, la abundancia, el comprar muchas cosas y cambiarlas a menudo parecen ser las medidas del valor social. Reitero la actuación tímida de los Tribu}Kr:Wwaqv /!Ba